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PROCESOS DE  SECADO  

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Después de la cosecha y de seleccionar cuidadosamente los frutos, comienza uno de los momentos más importantes del café: el secado.

Es un proceso que requiere paciencia, atención y mucho cuidado. El café necesita tiempo para perder lentamente la humedad y encontrar el punto adecuado, sin afanes y respetando las condiciones de cada día.

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En La Arkadia estamos pendientes de cada lote, de la temperatura, del clima y de cómo va cambiando el grano durante el proceso. Movemos y revisamos el café cuando es necesario, dejando que el tiempo haga su parte.

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Para nosotros, secar el café no es simplemente quitarle humedad. Es cuidar todo el trabajo que comenzó desde la flor, acompañarlo hasta el final y permitir que conserve y desarrolle sus aromas y sabores.

 

Porque creemos que los buenos cafés también necesitan tiempo.

SECADO· NATURAL (FRUTA ENTERA)

Aquí la cereza hace su trabajo. El café se seca completo, con toda su fruta alrededor del grano, bajo el cuidado paciente de manos que conocen la tierra y saben que las cosas buenas toman su tiempo.

Durante el secado, los azúcares y aromas de la cereza se van concentrando, dejando en el grano toda esa magia frutal que después encontramos en la taza. 

Aparecen frutos rojos, fresa y una nota vínica que le pone carácter, acompañados por un dulzor suave de chocolate con leche. Es un café de cuerpo denso, sedoso y bien abrazador, con una acidez baja pero compleja que mantiene todo en su lugar.

Un natural de esos que saben a campo, a paciencia y a fruta madura. Frutal, dulce, intenso y sin mucha carreta: una taza con carácter, hecha con tiempo y con amor.

Frutal, dulce abrazador 

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SECADO· LAVADO 

Aquí dejamos que el café hable clarito, sin tanta carreta

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Después de recolectar las cerezas en su punto, se retira la fruta y el grano se lava para limpiar cualquier resto de mucílago antes de pasar al secado. Este proceso busca que la taza conserve la esencia propia de la variedad y del lugar donde fue cultivada, dando espacio a sus aromas más delicados y a una acidez viva y elegante.

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Y cuando llega a la taza, se siente la frescura del cafetal. 

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Aparecen flores blancas, como jazmín, acompañadas de notas de té verde, limón y bergamota, con un dulzor sutil de miel de abejas. Tiene una acidez alta, brillante y refrescante, un cuerpo ligero y sedoso, y un final limpio que se va despacito, dejando esa sensación floral y cítrica en la boca.

Un café fino, fresco y transparente, donde la fruta queda atrás para darle protagonismo a la flor, la acidez y la elegancia.

De esos cafés que no necesitan gritar para hacerse notar: limpios, vivos y con el sabor del origen bien puesto.

Limpio, floral y brillante

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SECADO· HONEY

Aquí la fruta no se va del todo. Después de despulpar la cereza, dejamos parte de ese mucílago dulce pegado al grano y lo llevamos a secar con paciencia. Es ahí donde el café empieza a agarrar carácter: los azúcares y sabores de esa miel natural se van concentrando mientras el grano pierde humedad lentamente, cuidando cada día que el secado sea parejo y tranquilo.

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El resultado queda justo en ese punto bonito entre un lavado y un natural: limpio y brillante, pero con más dulzor y cuerpo.

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En taza aparecen notas de miel, caramelo y panela, acompañadas de manzana roja y frutas amarillas. Tiene una acidez media y bien balanceada, un cuerpo sedoso y redondo, y un dulzor que se queda en la boca como cuando uno prueba una fruta bien madura recién cogida del árbol.

Un café dulce, cálido y equilibrado, donde la limpieza del lavado se encuentra con la dulzura del natural. Suave pero con carácter, sencillo pero lleno de sabor; un café que sabe a fruta, a miel y a trabajo bien hecho.

Dulce, sedoso y dorado.

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